¿Qué es el árabe coránico?

¿Qué se entiende por el término «árabe coránico»?

El árabe coránico, en tanto que lengua, ¿debe entenderse como un reflejo fiel de lo que era la lengua en la época del Profeta (S) en una esfera geográfica más o menos próxima a este, o solamente como un «dialecto» de La Meca? ¿Es la lengua «vernácula» de Arabia, o bien el «lenguaje poético» de esa región? Este amplio debate, aún de actualidad, requiere sin duda más precisión. Lo que es seguro es que a la diversidad de las tribus árabes podían corresponder variaciones más o menos grandes de esta lengua, como atestigua la propia tradición. Los comentaristas del Corán, por su parte, veían en el árabe coránico la lengua de la tribu de los Quraysh, con la salvedad de que el Texto divino se adaptó, nos dicen los textos, a las diferentes hablas locales. Es por esta razón, además, por la que la tradición habla de las «siete letras» del Corán, haciendo referencia a las variaciones (mínimas) del texto destinadas a hacerlo accesible a los diferentes interlocutores. Estas variaciones afectaban principalmente al vocabulario (pero no solo) y se manifestaban mediante el uso de sinónimos. Manuscritos como el de Saná atestiguan estas variaciones, que se encuentran muy ampliamente en los tafsīres. Habiendo desaparecido con el tiempo la razón de ser de estas variaciones, el texto coránico se uniformizó casi por completo. Hoy queda de ello lo que se denomina las siete o diez lecturas, las cuales ya solo afectan a la vocalización de las palabras, aunque esta vocalización pueda todavía, en ciertos lugares, afectar al sentido del texto. Por otra parte, habiendo sido transcrito el Corán en un primer momento sin las vocales y sin distinción de ciertas consonantes (las cuales se distinguieron después mediante la adición de puntos, llamados «puntos diacríticos»), numerosos fenómenos crean una confusión bastante grande entre las variaciones de lecturas históricas (o siete letras) que datan de la época de la revelación, y las variaciones más tardías que pueden imputarse a las diferentes posibilidades de lectura resultantes de la ausencia de esas vocales y puntos diacríticos. Estos fenómenos están muy ampliamente documentados y analizados por los investigadores. Aquí nos importa simplemente extraer una conclusión de estos hechos, a saber, que aunque el texto coránico concede una gran importancia a la forma, esta sigue estando subordinada al contenido del mensaje.

Entre árabe coránico y árabe clásico

Con respecto al árabe clásico medieval, y con mayor razón con respecto al árabe literario moderno, el árabe coránico presenta cierto número de diferencias que es importante estudiar para comprender bien el Texto sagrado. Estas diferencias conciernen al léxico, pero también a la sintaxis y a la gramática. Conviene señalar aquí que el léxico coránico solo dispone de 1726 raíces (según el recuento de Maurice Gloton en su Approche du Coran par la grammaire et le lexique). La lengua clásica se construye, por tanto, sobre un corpus muy extenso compuesto principalmente de poesía. Por otra parte, el proceso de «estandarización» de la lengua árabe clásica omitió fatalmente algunos de los aspectos de la lengua coránica, la cual incluye una mayor variabilidad debida al hecho de que es la manifestación de una lengua realmente viva, es decir, una lengua que incluye una pluralidad de hablantes y, por consiguiente, una diversidad de patrimonios lingüísticos e incluso de sensibilidad en la relación con la lengua. Desde el momento en que una lengua queda codificada y, por tanto, «fijada», excluye de hecho cierto número de posibilidades. Añadamos que la mayor parte del trabajo de recopilación de la lengua árabe se realizó en el segundo siglo de la hégira, de modo que cierta distancia lingüística se había impuesto ya.

No es, pues, en absoluto sorprendente encontrar en el Corán usos sintácticos particulares, concordancias que escapan a las reglas y una multitud de fenómenos que salen del marco de la gramática instaurada a posteriori.

Aspecto teológico del árabe coránico

El Corán se define a sí mismo como una «revelación» o «inspiración» y como «descenso» procedente del Señor. Es también, y sobre todo, la «palabra de Dios». Pero la gran mayoría de los teólogos entienden el Corán que leemos como una creación de Dios. Y precisemos bien que, cuando los aš‘aríes afirman que la Palabra de Dios es increada (es decir, que no es una creación), hacen referencia a lo que llaman la «Palabra esencial» (kalâm nafsî) y no a la palabra enunciada (kalâm lafẓî). Pues consideran efectivamente que esta última es una creación. El punto de divergencia con los mu‘tazilíes concierne, pues, a la «Palabra esencial».

Desde esta perspectiva, la Palabra divina se extiende de hecho sobre tres niveles: la Palabra divina en tanto que atributo (de esencia o de acción según las escuelas); la Palabra «arquetípica» (depositada como arquetipo en la Tabla Guardada, lawḥ maḥfûẓ); y la Palabra manifestada. Esta última es, por tanto, contingente o accidental. La cuestión mayor que se les planteó, pues, a los teólogos es la siguiente: esta palabra divina revelada a Muhammad (S), ¿fue revelada según el sentido y la forma, o según el sentido únicamente? En el segundo caso, ¿fue enunciada la forma por Gabriel o por el propio Profeta?

No se tratará aquí de responder a esta cuestión, sino simplemente de indicar que el Corán conserva una parte de misterio que conviene abordar con humildad. Y los manuscritos antiguos – aunque solo confirmen lo que nos decía la tradición acerca de las diferentes «letras» (es decir, variantes) del Corán – vuelven a poner en primer plano de la escena teológica, y al alcance de todos los musulmanes, esos interrogantes importantes que fueron durante siglos asunto de los comentaristas y de los especialistas.

El estudio del árabe coránico no debe, pues, omitir este marco de reflexión en torno al Texto sagrado, ni debe tampoco ignorar que la grandeza del Corán es a imagen de la gota que pretende hacernos presentir el océano de la Palabra divina, pues « Si el mar fuera tinta para [escribir] las palabras de mi Señor, el mar se agotaría antes de que se agotaran las palabras de mi Señor. » (18,109)

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