La historia del hadiz

LA HISTORIA DEL HADIZ

LOS PRIMEROS TRANSMISORES DE HADIZ

1- LOS COMPAÑEROS DEL PROFETA

Las personas que transmitieron las palabras, los actos y los hechos relativos a la vida del Profeta Muhammad no fueron otras que sus compañeros, y después las generaciones que les sucedieron, hasta el siglo IV de la Hégira. Son estas personas a quienes se denomina los «narradores de hadiz». La ciencia del hadiz se dedicó a consignar la biografía de estas personas, rigurosamente seleccionadas, por afán de fiabilidad en la transmisión. Toda esta compilación biográfica se conoce con el nombre de Asmâ’ al-rijâl o Nombres de los Hombres [ilustres]. Esta suma colosal de textos recoge cerca de cien mil biografías.
El doctor A. Springer, el gran sabio alemán, saluda esta hazaña sin precedentes que representa la historiografía musulmana: «Ningún pueblo, como ellos, ha redactado durante doce siglos la biografía de los hombres de letras. Si elaborásemos una recopilación de los relatos biográficos islámicos, contaríamos cerca de medio millón de hombres».

La Peregrinación del Adiós, dice la tradición, reunió a más de 100 000 compañeros. La historia ha consignado las biografías de unos 11 000 de estos hombres que participaron en la transmisión de los hadices. El Profeta falleció en el año 11 de la Hégira, es decir, en el 632 de la era cristiana. Los veteranos de entre los compañeros vivieron hasta el año 40 de la Hégira, es decir, el 660. Anas Ibn Mâlik, el último de los compañeros en morir, fue el servidor del Profeta durante diez años.

2- LOS SUCESORES [DE LOS COMPAÑEROS], O LOS TÂBI‘ÎN

El periodo de los sucesores, a quienes se llama en árabe los Tâbi‘în, comenzó en realidad desde la Hégira. Pues algunos de ellos vieron al Profeta, pero no conversaron directamente con él. En cambio, todos trataron a sus compañeros. En vida del Profeta, un gran número de estos sucesores ya había nacido.
Es el caso de ‘Abd Al-Rahmân Ibn Al-Hârith, nacido en el año 3 de la Hégira; de Qais Ibn Abî Hâzim, nacido en el año 4; o de Sa‘îd ibn Mus‘ab, nacido en el año 5. Según un relato de Ibn Sa‘d, solo en la ciudad de Medina se contaban 335 sucesores. Los demás estaban diseminados en La Meca, en Damasco, en Basora, en Taif, en Kûfa, en Yemen y en Egipto. El siguiente cuadro menciona el número de tradiciones transmitidas por algunos compañeros ilustres:

Nombre del compañeroNúmero de hadices
Abû Hurayra (m. en 59/678)5374
Abdallâh ibn Abbâs (m. 68/687)1660
Aisha (m. 58/677)2220
Abdallâh ibn Omar (m. 73/692)1630
Jâbir ibn Abdallâh (m. 78/697)1560
Anas ibn Mâlik (m. 93/711)1266
Abû Sa‘îd Al-Khudrî (m. 74/693)1170
¿TRANSMISIÓN ORAL O ESCRITA?

En la cultura oral de la época del islam naciente, los textos se memorizaban ante todo. Los compañeros fueron reticentes a la idea de consignar por escrito los hadices, por varias razones: en primer lugar, porque el propio Profeta, al comienzo de la revelación, había prohibido que se transcribiera cualquier palabra que no fuera el Corán, y ello para evitar toda confusión. Más tarde dio su autorización, pero los compañeros se mantuvieron prudentes. Algunos consideraban, además, que la escritura tenía el defecto de conducir a la pereza y a abandonar la memorización.

No obstante, varios hadices se transcribieron en vida del Profeta. Es el caso, en particular, del sermón que este pronunció el día de la toma de La Meca. Al-Bujârî y otros autores de recopilaciones de hadiz relatan que, a petición de un compañero venido de Yemen, llamado Abî Shâh, este sermón se consignó por escrito. Abû Hurayra declaró una vez que, fuera de ‘Abd Allah Ibn Al-‘Âs, nadie poseía una recopilación más importante que la suya. Pues este último consignaba por escrito todo lo que oía del Enviado de Dios.
La recopilación Al-Sunan, de Abû Dawûd, así como Al-Musnad, de Ibn Hanbal, relatan que ‘Abd Allah Ibn ‘Amr se había resignado a no consignar ya las palabras del Profeta. Pues veía que las recomendaciones del Enviado de Dios no se aplicaban en toda circunstancia, y que ello podía conducir a errores de juicio. Evocó un día este hecho en presencia del Profeta, pero este señaló con el dedo sus labios y declaró: «Podéis escribir. Todo lo que sale de estos labios es válido y justo».

Fue durante el califato de ‘Umar Ibn Abd Al-‘Azîz, fallecido en el 101 de la Hégira (719), cuando los hadices se reunieron en recopilaciones. Con el paso del tiempo, el califa temía que los relatos se perdieran y se olvidaran poco a poco. El cadí Abû Bakr se afanó, por orden suya, en reunir todos los hadices posibles. Se enviaron ejemplares de la recopilación resultante a todas las capitales del imperio. Fue el primer intento oficial de compilación de los hadices.
Para asegurarse de la autenticidad de los hadices, los sabios musulmanes establecieron reglas muy estrictas. El narrador inicial debía ser un testigo directo del acontecimiento. Y la moralidad de cada transmisor debía estar por encima de toda sospecha.

PANORAMA DE LAS PRINCIPALES RECOPILACIONES DE HADICES
1- DEL SIGLO II AL SIGLO V DE LA HÉGIRA

Tras la recopilación encargada por ‘Umar Ibn ‘Abd Al-‘Azîz, vieron la luz otras. Un sabio medinés de nombre Az-Zuhrî (m. en 124 h./741) compiló una recopilación de la que las únicas huellas son los testimonios de los historiadores. Las recopilaciones se sucedieron luego. Una quincena datan del siglo II de la Hégira. La más conocida es el Muwatta del imam Mâlik (m. en 179/795). Una treintena datan del siglo III. Las más célebres son seis obras de referencia del sunismo: las dos recopilaciones tituladas «sahîh» (auténtico), a saber, Sahîh Bujârî y Sahîh Muslim; y las cuatro Sunan, a saber, los Sunan de Abû Dâwûd, de Tirmidhî, de al-Nasâ‘î y de Ibn Mâjah. Otra quincena datan del siglo IV, y algunas, por último, del siglo V de la Hégira.

2- DEL SIGLO VI AL SIGLO XII DE LA HÉGIRA

A partir del siglo VI, el trabajo de los sabios del hadiz consistirá en compilar, y en reorganizar por tema u orden alfabético, los miles de hadices ya presentes en las recopilaciones anteriores, evitando en lo posible las repeticiones. Una obra importante de la época es la de ‘Alâ Ad-dîn al-Hindî (m. en 975 h./1567), titulada Kanz al-‘Ummâl. No menciona menos de 46 624 hadices. Se nutrió de 92 recopilaciones, muchas de las cuales permanecen aún manuscritas o simplemente se han perdido. Es gracias a tales obras como ha podido conservarse el contenido de recopilaciones más antiguas. La característica de estas grandes compilaciones es que no citan las cadenas de transmisores, al estar estas disponibles en las obras fuente. No por ello dejaron los autores de hacer una crítica de los contenidos y de las cadenas de garantes, para clasificar los hadices según su grado de fiabilidad.

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